
El Papa León XIV nombró a Mons. Margarito Salazar Cárdenas como nuevo Obispo de la Diócesis de Tampico, una Iglesia marcada por la vida portuaria, los desafíos de la violencia regional y la necesidad de fortalecer vocaciones y tejido comunitario.
La Iglesia que peregrina en el sur de Tamaulipas ha recibido un nuevo pastor. El Papa León XIV nombró a Mons. Margarito Salazar Cárdenas como nuevo Obispo de la Diócesis de Tampico, confiándole la guía espiritual de una porción del Pueblo de Dios marcada por grandes riquezas humanas, pero también por complejos desafíos sociales y pastorales.
El prelado, de 68 años, se desempeñaba hasta ahora como Obispo de la Diócesis de Matehuala, en San Luis Potosí. Su traslado ocurre después de que la sede tamaulipeca permaneciera vacante desde enero de 2025, cuando Mons. José Armando Álvarez Cano fue nombrado Arzobispo Coadjutor de la Arquidiócesis de Morelia.
Más que un relevo administrativo, el nombramiento se inserta en un momento particularmente significativo para la vida eclesial y social de esta diócesis del Golfo de México.
Una Iglesia urbana, obrera y portuaria
La Diócesis de Tampico abarca la zona conurbada del sur de Tamaulipas, integrada por ciudades como Tampico Ciudad Madero y Altamira. Se trata de una región profundamente marcada por la actividad marítima y comercial del puerto, la industria petrolera y petroquímica, la vida sindical y obrera, y la movilidad laboral constante
Esto configura una pastoral distinta a la de diócesis rurales: aquí la Iglesia camina entre refinerías, astilleros, aduanas y corredores industriales, acompañando familias que viven entre turnos laborales extensos, inestabilidad económica y fragmentación comunitaria.
El nuevo obispo llega, por tanto, a una Iglesia que no sólo administra sacramentos, sino que dialoga cotidianamente con el mundo del trabajo y sus tensiones sociales.
La herida de la violencia y el desafío de la paz
Como buena parte del territorio tamaulipeco, la región sur no ha sido ajena a los efectos de la violencia criminal que ha marcado al estado durante años.
Aunque con menor intensidad que la franja fronteriza, la diócesis ha vivido extorsión a comerciantes, desapariciones, desplazamientos familiares y restricciones en la vida comunitaria, lo cual ha impactado la acción pastoral sobre todo en actividades juveniles limitadas por la inseguridad, parroquias que han tenido que ajustar horarios y sacerdotes que trabajan bajo protocolos de riesgo
La Iglesia local ha respondido privilegiando la pastoral de la paz, el acompañamiento a víctimas y los llamados constantes a la reconciliación social. En ese contexto, el nuevo obispo no sólo es maestro de la fe, sino también artesano de esperanza en un tejido social herido.
Una diócesis numerosa con retos vocacionales
De acuerdo con registros eclesiales, la diócesis cuenta con cerca de 900 mil católicos, distribuidos en más de 70 parroquias y atendidos por alrededor de 140 sacerdotes, cifra que pastoralmente se percibe insuficiente ante la densidad urbana.
Entre los desafíos internos destacan un clero envejecido, vocaciones moderadas, parroquias territorialmente extensas y la necesidad de mayor liderazgo laical.
Aquí cobra particular relevancia el perfil del nuevo obispo, cuya trayectoria ha estado fuertemente vinculada a la formación sacerdotal.
Pastor formado en el seminario
Mons. Margarito Salazar Cárdenas nació el 22 de febrero de 1958 en Matamoros, Tamaulipas. Ingresó al seminario en 1978 y fue ordenado sacerdote en 1989.
Es licenciado en Teología Dogmática por la Universidad Pontificia de México y ha dedicado buena parte de su ministerio a la formación de futuros sacerdotes, llegando a ser rector del Seminario Mayor de Matamoros en dos ocasiones.
En 2018 fue nombrado obispo de Matehuala, experiencia episcopal que ahora pone al servicio de su propia tierra tamaulipeca.
Su conocimiento de la cultura regional, sumado a su experiencia formativa, perfila un episcopado con acento en la identidad sacerdotal, la solidez doctrinal y el acompañamiento cercano al presbiterio.
Continuidad y nuevos acentos pastorales
El nuevo obispo recibe una diócesis que ha venido trabajando procesos pastorales importantes, especialmente en la pastoral familiar, la formación de laicos, la reorganización parroquial y una profunda cercanía con víctimas de violencia.
Su misión será discernir, fortalecer y —si es necesario— reorientar estas líneas ante los signos de los tiempos que vive la región.
Un nombramiento que interpela a toda la Iglesia local
Más allá de la figura del obispo, la llegada de un nuevo pastor representa siempre un llamado a la corresponsabilidad eclesial. En una diócesis marcada por contrastes —prosperidad industrial y fragilidad social, fe arraigada y secularización urbana, tradición católica y violencia estructural— el ministerio episcopal sólo puede florecer con el compromiso de sacerdotes, consagrados y laicos.
La Iglesia de Tampico inicia así una nueva etapa de su historia reciente: acompañada por un pastor nacido en su propia tierra, llamado a confirmar en la fe, sanar heridas sociales y sostener la esperanza de un pueblo que camina entre el puerto y la cruz cotidiana.










