“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”

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Raniero Cantalamessa, fraile capuchino y predicador de la Casa Pontificia, ofrece una reflexión espiritual mientras sostiene unas notas frente a un micrófono.
El cardenal capuchino Raniero Cantalamessa, durante una de sus predicaciones ante la Casa Pontificia en el Vaticano. Durante más de cuatro décadas ayudó a la Iglesia a redescubrir la profundidad espiritual de la Palabra de Dios.

Escuchar a Raniero Cantalamessa no sustituye la lectura de la Biblia; la profundiza. Él no añade nuevas verdades al Evangelio, pero ayuda a que las verdades de siempre vuelvan a arder. Hay quienes dicen: “Yo leo la Escritura, no necesito comentarios”. Y es cierto: la Palabra de Dios es suficiente. Pero a lo largo de la historia, el Señor ha regalado a la Iglesia voces que, con experiencia espiritual y docilidad al Espíritu Santo, nos enseñan a escuchar mejor lo que ya está escrito.

Cantalamessa pertenece a esa tradición. Su predicación no compite con la Biblia; la ilumina desde dentro. Con un lenguaje sencillo y contemplativo, toma un pasaje conocido y lo hace resonar de nuevo, como si lo escucháramos por primera vez. No explica la Palabra como un académico distante, sino como un creyente que la ha orado, sufrido y vivido.

Leer el Evangelio es imprescindible. Escuchar a un hombre que ha pasado décadas meditando esa Palabra ante el Papa y la Iglesia universal puede ayudarnos a abrir más el corazón. A veces no necesitamos nuevas ideas, sino una voz que nos recuerde, con unción y claridad, la belleza de Cristo.

Resumen espiritual del sermón de Cuaresma de Raniero Cantalamessa

Hay palabras de Jesús que no puede uno sino contemplarlas. Hay frases del Evangelio frente a las cuales uno no puede sino arrodillarse. Cuando el Señor dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6),  está revelando su propia Persona como respuesta al corazón inquieto del hombre.

Cantalamessa parte siempre de una convicción sencilla y luminosa: el cristianismo más que una creencia, es un encuentro. Y en este pasaje del Evangelio de san Juan, Jesús no señala un camino sino que nos dice que Él es el Camino. No comunica una verdad… nos dice que Él es la Verdad viva. No promete vida futura… Él es la Vida que ya comienza aquí.

Cristo no señala rutas: se ofrece a Sí mismo

El predicador capuchino subraya que Tomás formula la pregunta que todos llevamos dentro: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?” Tomás es la inquietud del hombre moderno: vemos caminos múltiples, escuchamos propuestas infinitas y vivimos en una profunda desorientación interior.

En respuesta Jesús no muestra un mapa que traza una ruta a seguir, sino que nos invita a tener una relación personal con Él. Vivimos en un mundo que muestra múltiples métodos espirituales y técnicas de autoayuda, pero el Evangelio lo simplifica todo: el camino no es una filosofía ni una técnica para vivir supuestamente bien y feliz, el camino es una Persona a la que se sigue.

Seguir a Cristo significa fiarse. El camino cristiano es el camino de la confianza.

La Verdad no se posee: se ama

Cantalamessa insiste en algo profundamente actual: la verdad cristiana no es una teoría que se impone, sino una realidad que se testimonia. Cristo es la Verdad porque revela el rostro del Padre y el sentido último del hombre.

Pero aquí el predicador advierte un peligro: convertir la verdad en arma en lugar de convertirla en luz. La verdad de Cristo se comunica con humildad, porque quien ha encontrado la Verdad sabe que la recibió como gracia, no como conquista.

En tiempos de relativismo, afirmar que Cristo es la Verdad no es arrogancia, sino gratitud. No proclamamos que poseemos la verdad; proclamamos que hemos sido alcanzados por ella.

La Vida comienza ahora

Finalmente, Jesús dice: “Yo soy la Vida”. No dice: “Yo daré vida”, sino “Yo soy”. Para Cantalamessa, esta es la clave pascual del pasaje: la vida eterna no empieza después de la muerte; comienza cuando Cristo entra en el corazón.

Mientras que el mundo busca prolongar la vida biológica, el Evangelio ofrece una vida nueva. Es la vida del Espíritu, la que transforma el miedo en confianza, el pecado en perdón, la tristeza en esperanza.

La Cuaresma —y aquí se percibe el tono pastoral del predicador— es un tiempo de redescubrir que Cristo ya es nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida. Descubrimos que no es que Dios esté lejos, sino que a veces caminamos distraídos.

Una invitación

La conclusión de Cantalamessa no es moralizante, sino contemplativa: el cristiano está llamado a adherirse a una Persona. Y cuando uno se adhiere a Cristo, encuentra orientación, sentido y vida.

Tal vez hoy la pregunta no sea si conocemos el camino, sino si caminamos con Él. No si entendemos la verdad, sino si amamos la Verdad. No si creemos en la vida eterna, sino si dejamos que su Vida transforme la nuestra.

Porque cuando Cristo se convierte en el centro de nuestras vidas, el corazón deja de vagar.

Y entonces comprendemos que no estamos perdidos.

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Nota biográfica

Raniero Cantalamessa (Italia, 1934) es un fraile capuchino y uno de los predicadores católicos más influyentes de nuestro tiempo. Fue Predicador de la Casa Pontificia durante más de cuatro décadas (1980-2024), sirviendo a tres pontificados: san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. En 2020 fue creado cardenal, en reconocimiento a su larga labor de predicación y a su contribución espiritual basada en la Escritura y la centralidad de Cristo.

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