La imagen muestra a decenas de religiosas y religiosos reunidos en un espacio comunitario, de distintas edades, culturas y congregaciones. No es una escena solemne ni institucional, sino un retrato humano y cotidiano de quienes integran la CLAR: personas que viven su fe en barrios, pueblos y territorios marcados por desafíos sociales. La imagen no muestra el dolor, pero muestra desde dónde se habla: desde la vida compartida, la cercanía y la experiencia concreta de los pueblos.







