
Una lectura cristiana del pronunciamiento de la CLAR sobre Venezuela
En medio de la confusión, el sufrimiento y las posturas enfrentadas que rodean la situación de Venezuela, la fe cristiana enfrenta un desafío: no callar ante la injusticia, pero tampoco confundirse con los discursos del imperio. En ese punto se sitúa el reciente pronunciamiento de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos (CLAR), emitido el 5 de enero de 2026.
Este documento es una palabra creyente nacida del dolor del pueblo, que intenta ser fiel al Evangelio sin dejar de mirar la realidad tal como es.
Un pueblo puesto en oración
La CLAR inicia su mensaje colocando a Venezuela en la memoria orante de la Iglesia, es decir, en esa forma creyente de recordar que presenta ante Dios la realidad concreta de un pueblo —sus rostros, historias y heridas— para mirarla a la luz del Evangelio. Es una memoria que ora porque se deja tocar por el sufrimiento y la esperanza de la gente.
El documento reconoce que, durante los gobiernos prolongados de Hugo Chávez (1999–2013) y de Nicolás Maduro (2013–2026), el pueblo venezolano no halló la paz ni el bienestar que deseaba. Las promesas de dignidad se vieron ensombrecidas por desigualdades, controles, violencia política y migraciones masivas.
Hoy, en el contexto reciente de un ataque militar externo, en el que fuerzas de Estados Unidos intervinieron en Caracas en los primeros días de enero de 2026 y llevaron a la captura del presidente Maduro y su esposa, Cilia Flores, Venezuela vive un momento no ordinario.
La CLAR no se detiene a situar responsabilidades políticas en un solo lado, pero afirma con claridad que el sufrimiento humano no puede ser justificado por la eficacia política de un gobierno, ni utilizado como excusa para vulnerar la dignidad del pueblo venezolano.
¿Quién es la CLAR? La Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos (CLAR) es un organismo de la Iglesia católica fundado en 1959 y con sede en Bogotá. Agrupa a las conferencias nacionales de religiosas y religiosos de América Latina y el Caribe. No es una conferencia de obispos ni un órgano doctrinal. Su misión es acompañar, articular y reflexionar desde la vida religiosa con las realidades sociales más profundas y las urgencias de los pueblos.
La libertad no se impone
Uno de los mensajes centrales del documento es profundamente evangélico: la verdadera libertad no puede ser impuesta desde fuera.
La CLAR recuerda que la libertad auténtica no nace de la fuerza, ni se construye humillando, y tampoco puede llegar como una solución impuesta por otros.
En un mundo donde se debate si la justicia y la paz pueden llegar con una intervención extranjera, este principio es particularmente exigente para una lectura cristiana: la paz de Cristo nunca se impone por la violencia.
¿Qué lugar ocupa la CLAR dentro de la Iglesia católica? La CLAR no tiene autoridad doctrinal ni sustituye a los obispos. Representa a la vida consagrada, uno de los estados de vida de la Iglesia, junto al laicado y el ministerio ordenado. Colabora con el CELAM, las conferencias episcopales y dicasterios del Vaticano. Su voz no es ley, pero sí tiene peso pastoral y moral, porque nace de la experiencia de quienes viven y acompañan a los pobres y vulnerables.
Nombrar la injusticia sin renunciar a la paz
El documento no se conforma con pedir paz de manera genérica: nombra la injusticia social, política y estructural que ha marcado la historia reciente de Venezuela bajo gobiernos prolongados de líderes como Chávez y Maduro.
Esto es importante para la fe cristiana, que no puede desear paz sin reconocer qué fue lo que rompió la paz. Al mismo tiempo, la CLAR afirma con fuerza que ninguna paz verdadera puede lograrse violando la soberanía o la dignidad del pueblo venezolano, subrayando siempre la importancia del respeto a la autodeterminación popular.
¿Por qué importa este pronunciamiento? Los comunicados de la CLAR no expresan opiniones individuales, sino discernimientos colectivos nacidos de la vida concreta junto a los pueblos. Su autoridad no es política ni jurídica, sino testimonial: proviene de una presencia prolongada junto a las víctimas del sufrimiento social. Por eso, cuando la CLAR habla, su palabra suele ser entendida como una voz profética: que denuncia la injusticia, acompaña a los que padecen y recuerda a todos que la fe no puede separar la verdad de lo que ocurre en la historia.
Una fe que acompaña y no domina
Leído desde una perspectiva catequética, este texto recuerda algo esencial: la Iglesia no existe para controlar la historia, sino para acompañar a los pueblos en medio de ella. No para imponer soluciones, esa no es su tarea, sino para cuidar la dignidad, denunciar la humillación y sostener la esperanza cuando otros discursos ya no alcanzan.
La oración final del documento, que encomienda Venezuela a Dios y a la Virgen de Coromoto, es una confesión de fe: el sufrimiento no tiene la última palabra, y Dios sigue actuando en la historia concreta de los pueblos.
Este pronunciamiento de la CLAR puede leerse como una catequesis viva sobre la fe encarnada en la realidad. Una fe que trata de ser coherente con el Evangelio, poniéndose siempre del lado de las víctimas y recordando que la justicia verdadera solo florece cuando se siembra en paz y respeto a la dignidad humana.
Para ver completo el Documento de la CLAR da clic aquí.










